Las horas languidecen, así de a poquito, una a una van muriendo, nacen nuevas una detrás de otra; muchos las extrañan cuando se han ido.
Hoy las dos primeras horas del día fueron felices, muy felices, también de a poquito, esas horas que ahora han muerto dejaron sueños, planes, sonrisas, besos, muchas palabras de amor, de ternura, de futuro, de pasión, palabras dulces liberadas lentamente mientras las horas agonizaban y desaparecían.
Las horas que siguen correrán la misma suerte, morirán; esta vez, mientras duermo, mientras extraño, mientras encuentro.
Mientras las horas se van, se acerca mi anhelo, cuento las horas que mueren, apuro a las horas que faltan, trataré de detenerlas infructuosamente cuando estés aquí, a mi lado.
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