Entonces hiciste aquello que temí hacer, me besaste, y descubrí en tu aliento que conocías mi alma y sabías cada secreto guardado en mi mente, ese beso, tierno, cálido, lleno de sentimientos, tenía sabor de amor maduro listo para ser cosechado, fué así que comenzamos a recoger un fruto de dulzura sorprendente...
No hay comentarios:
Publicar un comentario